La historia de la marca del rombo

Diciembre de 1898. Billancourt, a las afueras de París, Francia. En el garaje de su padre, un joven de sólo 21 años da los toques finales a su primera creación. Se trata de Louis Renault, mente maestra y creadora de la marca francesa Renault.

Para la Nochebuena de ese año, por las empedradas calles del suburbio parisino rodaba un símbolo de innovación. Era el 1CV Voiturette: la primera gran obra de un naciente genio de la ingeniería.

El brillante coche, en el que el menor de los hermanos Renault asistió a su fiesta de Navidad, deleitó a los invitados. Sorprendidos por el revolucionario invento, le hicieron pedidos para 23 1CV, y así nació la Société Renault Frères.

En una época en que estaba en auge la fascinación por las competencias de automóviles, los hermanos sabían que ganar en las pistas sería esencial para triunfar por fuera de ellas.

Bajo esta filosofía, el fabricante, dirigido por los tres hermanos Renault, inscribió sus autos en algunas de las competencias más emblemáticas de aquel entonces, como el rally París-Berlín o París Viena. Dominaron arrasando contundentemente a su competencia.

Con la gloria llegó la tragedia. En 1903, Marcel, hermano mayor de Louis, falleció en un fuerte accidente en la competencia entre París y Burdeos.

Tras la muerte de su hermano, Louis Renault decidió abandonar las competencias para centrarse en el diseño de autos para el uso cotidiano. Fue entonces cuando una firma parisina de taxis compró al fabricante 250 automóviles para prestar este servicio. El auto fue un rotundo éxito, para 1907 ya habían vendido más de mil unidades y se había convertido en un ícono de las calles de París, Londres y Nueva York.

El negocio iba bien para la marca, pero de un momento a otro estalló la Primera Guerra Mundial. En septiembre de 1914, desde París, en una caravana compuesta por los icónicos taxis Renault, partieron hacia el frente de la guerra en el río Marne, a defender su patria, las tropas del ejercito francés.

Entonces, Louis Renault se vio obligado a suspender la producción de automóviles para las familias, pues su deber lo llamó a contribuir a su país con la creación de productos para la guerra.

El francés asumió un rol fundamental como una de las mentes maestras de Francia en ese período. Su contribución más importante fue el tanque ligero.

Concluida la guerra, Renault retomó su compromiso con los ciudadanos y convirtió el automóvil en un estilo de vida. Se utilizaban prácticamente para cualquier propósito, desde ambulancias hasta camiones de bomberos.

Entre tanto, al mundo europeo volvía la guerra. Los nazis tomaron París y Louis Renault se vio obligado a contribuir con ellos.

Tres veces fue bombardeada su planta, pero siempre, desde las cenizas, la reconstruyó el sueño de algún día volver a construir carros para las familias y personas del mundo.

Tristemente, el brillante ingeniero de Billancourt nunca pudo materializar su sueño. Tras la victoria de los aliados, fue encarcelado bajo el cargo de traición a la patria por sus contribuciones al ejército alemán. En 1944, Louis Renault, creador de una marca que simbolizaba autonomía y libertad, murió.

Tras su muerte, el gobierno francés tomó control de Renault, rebautizándola Régie Nationale des Usines Renault. Tras ser nacionalizada, un nuevo capítulo comenzaba para la compañía, al mando de Pierre Lefaucheux.

Para iniciar esta nueva era, Lefaucheux materializó el sueño de Louis Renault, quien en su legado dejó, entre muchas cosas, un proyecto para un automóvil familiar: el 4CV. Inspirado en el escarabajo de Volkswagen, este automóvil, que tenía su motor en la parte posterior, era ideal para las familias de Francia y de toda Europa.

Este pequeño gran auto se convirtió en el primer automóvil Francés en superar el millón de unidades producidas y por eso está inmortalizado en la historia como un ícono de orgullo de la Francia de posguerra.

Después del 4CV, Renault introdujo a sus filas el Dauphine: un carro que de una manera maravillosa fusionaba practicidad con atractivo estilo. Fue un nuevo éxito para el fabricante, que pudo abrir, gracias a este auto, nuevas plantas de producción en Inglaterra, Irlanda, Bélgica y Sudáfrica.

El Dauphine llegó en medio de los cambios sociales de los 60. Era ligero, ágil y elegante: un auto perfecto para las mujeres que desafiaban paradigmas y exigían libertad. Por esto se convirtió en el favorito de las damas del mundo, y en la historia quedó como un símbolo de revolución, autonomía y liberación.

En la década de los 70, Renault siguió expandiendo fronteras, construyendo plantas de producción en nuevos mercados, Colombia incluida. Como sucesor del Dauphine llegó un automóvil, que inmediatamente ocupó un lugar muy especial en el corazón de sus consumidores, sobre todo el de los colombianos: el Renault 4, el amigo fiel.

El auto hizo homenaje a la versatilidad con que soñaba Louis Renault para sus vehículos. Había Renault 4 ambulancia, lechero, bombero, colectivo, limusina, convertible, en fin, uno para cada gusto, necesidad y expectativa.

Después vinieron el Clio, el Twingo, el Symbol, el Megane, entre otros autos que han recorrido las calles del mundo y han sido testigos de miles de historias que viven y vivirán de manera infinita en los corazones de los conductores Renault.

Ha sido un largo y emocionante camino desde que Louis Renault sacó por primera vez del garaje de su padre el 1CV en diciembre de 1898: 120 años de historias, desafíos, kilómetros y autos que cumple en 2018 la marca del rombo, y hacia el futuro se seguirá rindiendo homenaje a la visión y el sueño de su fundador. A su legado sempiterno, que convierte los automóviles que llevan su nombre en un estilo de vida para cada persona.

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